Tamara y la Catarina: ternuras, soledades y abandonos

Tamara y la Catarina: ternuras, soledades y abandonos



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Un enigmático sujeto toma una decisión. Empaca algunas posesiones, deja dinero sobre la mesa del comedor y sale finalmente de una empobrecida casa, quizá planeando nunca volver. Horas después despierta Tamara (Ángeles Cruz), una mujer con una discapacidad intelectual, quien se extraña ante la ausencia de su hermano y no pasa mucho tiempo antes de que experimente la inquietante soledad. Pero todo da un giro cuando, más adelante, ella encuentra a una bebé solitaria en un puesto de periódicos y decide llevársela consigo… Es así como el drama Tamara y la Catarina (2016), dirigido por Lucía Carreras, pone atención en las víctimas del abandono y en el modo en que éstas pueden brindarse una mutua calidez, aún si esta consiste en una convivencia efímera.

A cuatro años de su premiere mundial y de cara a su estreno en la plataforma MUBI, Cine PREMIERE conversó con la realizadora y guionista de la película, quien nos habló sobre algunos pormenores de producción, la naturaleza de la historia y también sobre sus futuros proyectos fílmicos.

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La búsqueda de un realismo sublime

Para el rodaje de Tamara y la catarina, ocurrido a finales de 2015, las locaciones incluyeron exteriores del Estado de México y del Centro Histórico de la CDMX. Sin embargo, más del 50% del guion sucedía dentro de la casa de Tamara, lo cual por sí solo exigía tres semanas de filmación y dificultaba valerse de una vivienda genuina para resolver aquellas escenas en interiores. Por ende, Lucía Carreras aceptó levantar una casa falsa en un foro de televisión, con resultados sorprendentes, aunque ella originalmente no estaba convencida de semejante idea.

«A mí no me latía trabajar en foro. Creo que los cineastas somos muy dados a preferir las locaciones. Es por un tema incluso de sensación. Pero Jay Aroesty, que es el diseñador de producción de la película y que también hizo el diseño de producción de Días de gracia, me decía que no tuviera miedo.

«Él es especialista en espacios, en términos de construcción. Entonces una de las ventajas con la que él me convenció fue: ‘Vamos a poder reproducir la casa que tú quieres, o sea, tal cual la quieres. Como está en tu cabeza, dibújame el plano y yo así la hago’».

La cineasta se inclinó por tener de referente un domicilio del municipio de Naucalpan, cuya búsqueda preliminar no fue sencilla. Para la directora, era importante que la casa elegida fuera de un único piso y de color gris, características difíciles de hallar en barrios coloridos y donde la gente «hace el esfuerzo para seguir construyendo» hacia arriba. Finalmente una fachada cumplidora de tales requisitos fue encontrada y el equipo de Tamara y la Catarina erigió en foro una casa movible y desmontable, que respetaba las dimensiones de aquella vivienda auténtica.

«La ventaja que teníamos [en el estudio] era nada más que la pared interior [la que divide la habitación de Tamara y el comedor] se podía mover. Se podían mover todas, era un rompecabezas la casa, pero lo que hicimos fue no mover las paredes exteriores sino básicamente nada más mover la pared interior para hacernos espacios para filmar. Y el techo tenía aperturas para que la [fuente de] luz no estuviera nunca dentro de la casa sino que entrara siempre desde fuera, y eso le da también una sensación más realista».

Desde que comenzó a escribir el guion, Carreras vaticinaba una película plagada de colores opacos, argumentando un reflejo de «como veo la Ciudad de México». La cineasta comenta que la iluminación contó con filtros a gris durante el rodaje, y ya en posproducción optó por restar saturación cromática al material filmado.

«Las imágenes que tenía [en mente] y creo que se logran recrear en la película son una cosa decadente poética. No es pornomiseria, sino hay una cosa hasta sublime en estas paredes grises, en estas paredes gigantes de casas, y casas y casas grises […] El arte estuvo muy pensado para que fuera todo tirado hacia el gris y se intentó trabajar con pocos colores vivos, básicamente para que los colores vivos que sobresalieran fueran los de Tamara, que son el rojo y el rosa. El rojo, la Catarina, y el rosa porque es su color favorito».

La fatídica soledad

En la historia de Tamara y la Catarina, no son únicamente los personajes titulares quienes deberán convivir de manera inesperada. Al saber que Tamara resguarda en casa a una bebé abandonada, doña Meche (una vecina, interpretada por Angelina Peláez) decide ayudarle en el cuidado de la pequeña, a la par de brindarle bases de buena madre. Al ser también un personaje solitario, la anciana pronto es absorbida por una insólita dinámica familiar, donde tres generaciones de mujeres no consanguíneas forman un vínculo afectivo. Sin embargo, Lucía Carreras nos dice que en ningún momento planeó dejarse llevar completamente por esa luz de esperanza.

«Yo siempre tuve muy claro que tenía que terminar de una forma realista. No era un ‘And they live happily ever after‘. No es una película de ese corte, es una película realista. Mi intención era hacer una película que se moviera entre dos líneas: lo conmovedor y lo duro, lo doloroso de esta realidad. No podía tener un final esperanzador al cien por ciento».

La directora afirma haber explorado varios finales poco halagüeños para la cinta, buscando al que se llegara «de forma más orgánica». Por otra parte, siempre fue consciente de que Tamara y la Catarina se centraría en los personajes abandonados y no en aquellos que las dejaron solas. Según Carreras, le corresponde al espectador contarse a sí mismo Eeas subtramas invisibles.

«La película habla de soledades y abandonos, porque las tres son abandonadas. A Doña Meche la abandonan los hijos, a Tamara la abandona el hermano y a la niña de alguna manera la abandonan los padres. Y yo quería que la historia fuera de ellas tres. Que los personajes que las abandonan fueran totalmente ausentes, salvo Paco [el hermano], que es el detonante de la historia […] Era importante para mí que el punto de vista fuera de ellas y de lo que vivieron durante esos cinco días».

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A cuatro años…

Tamara y la Catarina se presentó mundialmente en el Festival Internacional de Cine de Toronto 2016, pero no sería sino hasta dos años después que estrenaría comercialmente en México. De acuerdo con Lucía Carreras, aquella ocasión –a finales de 2018– habría sido la última vez en que miró su más reciente largometraje, pues piensa que revisitarlo es algo «bien doloroso».

«No conozco a ningún cineasta que vea y vea sus películas. Es muy difícil porque conforme pasa el tiempo, le empiezas a notar más cosas […] Lo que ves siempre son los errores que cometiste, las cosas que no te convencieron. No ves lo que lograste, sino que ves todo lo contrario«. Entonces no, prefiero no verlas [ninguna de mis películas]».

La realizadora mexicana menciona una escena a la que resultó sumamente complicado disimularle una sombra de micrófono, que se coló durante el rodaje y que ella no puede ignorar. Sin embargo, lo que sí disfruta es recibir retroalimentación del público, como ocurrió en el ReelAbilities Film Festival 2020, constituido por títulos sobre personajes con discapacidad y donde Tamara y la Catarina figuró como cinta inaugural.

«Es muy bonito descubrir las capas que tiene una película en la lectura que los distintos públicos hacen de ella. Yo estoy súper orgullosa de Tamara y la Catarina. Me parece una película muy linda, me parece muy contundente […] Creo que es una película muy bien lograda».

Años atrás, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas concedió a esta producción tres nominaciones al premio Ariel, incluida la de Mejor actuación femenina para Ángeles Cruz, quien no ganó y ello no deja de generar desconcierto en Lucía Carreras. Por otro lado, tanto la directora de 47 años como su actriz principal ganaron algo más valioso que una estatuilla, y fue «una amistad muy intensa, muy fuerte, muy íntima y muy bonita». Asociadas, fundaron la casa productora Madrecine, cuyo objetivo primigenio fue edificar la ópera prima de Cruz, titulada Nudo mixteco, un venidero largometraje donde Carreras debuta en el departamento de producción y que (pospuesto su lanzamiento por el COVID-19) tentativamente iniciará una corrida en festivales el año entrante.

Finalmente, acerca de su próximo largometraje como directora y guionista, la ganadora del Ariel por Mejor guion original (La jaula de oro) comentó a Cine PREMIERE estar a la espera de fondos y adelantó algunos detalles de producción.

«La intención era filmar este año, pero bueno, ya sabemos qué pasó… Es un proyecto que se llama Póstumo y no he dicho nunca de qué se trata, ni voy a decir nunca de qué se trata, porque es un proyecto donde lo importante son las revelaciones que se van haciendo dentro de la historia y es muy difícil describirlo sin contar las revelaciones. Es un proyecto súper chiquito. Son dos personajes, una locación, un set, una noche. Entonces es muy íntimo, es muy personal […] Está construido a partir de la fantasía o el realismo mágico».

Tamara y la Catarina, escrita y dirigida por Lucía Carreras, está disponible a través de la plataforma MUBI desde el pasado 29 de noviembre.

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